Raúl Martínez Quiroz ( Wolfy Australis )

Blog personal de Raúl Martínez Quiroz, un chileno con ganas de hacer muchas cosas.

viernes, enero 11, 2008

Nómade

























Hace unos días conversaba con una mujer que me entrevistaba para un trabajo como consultor. Había varias cosas en mi currículum vitae que le llamaron la atención, así como de una serie de referencias mías sobre intereses, entre ellos sobre Asia Central. Curiosamente le mencioné que me consideraba una especie nómade en la vida, en el sentido de que me gusta recorrer lugares y no estar siempre fijo en un lugar determinado. Eso se puede extrapolar a mi carrera profesional, ya que nunca he estado fijo en un lugar de trabajo sino que me ha correspondido rotar y desplazarme a distintos puntos. Más allá de eso, admito que algo en mi esencia personal me hace ser un nómade. No sé si será un poco el hecho que, según afirmaciones de mi madre y de otros familiares, una de mis ancestros era gitana (mi bisabuela materna), cuyo pueblo se caracteriza por ser móvil. Otro aspecto es que también siento mucha admiración y curiosidad investigativa por todos esos pueblos de origen turco-mongol que habitan en las extensas estepas del Asia Central, y que en el pasado dominaron desde el estrecho de Bering en el Pacífico hasta las planicies de Hungría en Europa Oriental. No sé si descienda de estos pueblos, pero hay muchas cosas que me identifican con ellos, incluyendo aquellos grupos del Medio Oriente, que tienen tradiciones folclóricas y del diario vivir que admiro, como por ejemplo, su vestimenta, alimentos (entre ellos el famosísimo yogurt) y su estilo de vida simplista.
Bueno, creo que en este último detalle soy compatible. Me he creído el cuento de ser nómade y por lo tanto he adoptado un estilo de vida sin mayores lujos ni cosas tan superfluas, cosas que no me carguen y me permitan desplazarme fácilmente por las praderas de la vida.




miércoles, enero 02, 2008

Una sorpresa vulcanológica en Araucanía











Fuente fotográfica: www.emol.com

Nada más impresionante y alarmante que comenzar el primer día de 2008 con una sorpresiva erupción del volcán Llaima, ubicado en el corazón geográfico de Araucanía. Con algo más de 3 mil metros de altura, este cono volcánico es realmente un coloso en los Andes de esta región de Chile, rica en atractivos naturales y culturales. Considerado uno de los tres volcanes más activos del país junto al Villarrica y el Láscar, el Llaima resalta por su imponente dimensión y ubicación, rodeado de milenarios bosques de la casi extinta araucaria y de limpios lagos. No en vano, a sus pies se ubica el reconocido Parque Nacional Conguillío, imán para turistas nacionales y extranjeros que llegan a él buscando naturaleza.
Pero más allá de cualidades y bondades, lo que más me llama la atención es la fuerza de cómo la creación natural puede manifestarse. Es todo un espectáculo ver-ya sea in situ o en las pantallas de la televisión-como una formación geológica tan común en el Cinturón de Fuego del Pacífico lanza fuego, gases, rocas, cenizas y ese líquído desde las entrañas de la Tierra denominado lava. No me cabe duda que esto también nos hace recordar lo vulnerable que somos y que nunca debemos menospreciar lo que nos rodea. Es muy probable que esta erupción llegué a ser solamente eso: una erupción. Estoy seguro que no habrán pérdidas humanas en las localidades de alrededor pero sí desplazamientos y evacuaciones hasta que esta montañita se calme. Si bien no he podido estar allí exactamente ahora para ser testigo de este evento, recuerdo aquel enero de 2003 cuando en mi gira ciclística por el sur observé desde la carretera este artífice muy dormido.