Nómade

Hace unos días conversaba con una mujer que me entrevistaba para un trabajo como consultor. Había varias cosas en mi currículum vitae que le llamaron la atención, así como de una serie de referencias mías sobre intereses, entre ellos sobre Asia Central. Curiosamente le mencioné que me consideraba una especie nómade en la vida, en el sentido de que me gusta recorrer lugares y no estar siempre fijo en un lugar determinado. Eso se puede extrapolar a mi carrera profesional, ya que nunca he estado fijo en un lugar de trabajo sino que me ha correspondido rotar y desplazarme a distintos puntos. Más allá de eso, admito que algo en mi esencia personal me hace ser un nómade. No sé si será un poco el hecho que, según afirmaciones de mi madre y de otros familiares, una de mis ancestros era gitana (mi bisabuela materna), cuyo pueblo se caracteriza por ser móvil. Otro aspecto es que también siento mucha admiración y curiosidad investigativa por todos esos pueblos de origen turco-mongol que habitan en las extensas estepas del Asia Central, y que en el pasado dominaron desde el estrecho de Bering en el Pacífico hasta las planicies de Hungría en Europa Oriental. No sé si descienda de estos pueblos, pero hay muchas cosas que me identifican con ellos, incluyendo aquellos grupos del Medio Oriente, que tienen tradiciones folclóricas y del diario vivir que admiro, como por ejemplo, su vestimenta, alimentos (entre ellos el famosísimo yogurt) y su estilo de vida simplista.
Bueno, creo que en este último detalle soy compatible. Me he creído el cuento de ser nómade y por lo tanto he adoptado un estilo de vida sin mayores lujos ni cosas tan superfluas, cosas que no me carguen y me permitan desplazarme fácilmente por las praderas de la vida.





